Akilon Blog

Cafelito

Ilustración estilo Línea Clara de la fachada de madera del bar Cafelito en Madrid, con sus carteles de menú manuscritos y clientes en el interior - Categoría Presagio en Akilon Blog - Relato sobre Cafelito en Akilon Blog

Nada más entrar, se respiraban ilusión y amabilidad. Aquella pequeña y acogedora cafetería parecía celebrar, de nuevo, el día de su estreno. El máximo aprovechamiento del espacio le aportaba un entrañable toque de familiaridad.

En el techo se percibía el pasar de los años. Unas vigas de madera maciza sostenían estoicamente a los inquilinos de la primera planta desde tiempos inmemoriales. Pese al calor, tres ventiladores se afanaban en su trabajo y lograban que, externamente, una ligera brisa reconfortante meciera las hojas verdes que adornaban los rincones, refrescando el aroma del café.

Como era de esperar, un leve bullicio inundaba el lugar. Eran conversaciones de personas entregadas al confort del local, a la cháchara mundana y a la vida sin preocupaciones. No resultaba molesto; era reconfortantemente humano.

Entre taza y taza, la gente pasaba frente a la puerta sin sospechar el pequeño tesoro escondido tras la fachada de madera. Solo quienes se sentaban cerca de la entrada se preguntaban por qué los paseantes de la calle Sombrerete de Madrid no se decidían a entrar. Tal vez el sol del verano, las prisas laborales o el desinterés por el buen café fuesen los causantes de aquella foránea indiferencia.

La decoración —compuesta por cuadros, plantas, algún cartel curioso y una antigua balanza de pesas donde antaño se mediría el grano— no resultaba sobrecargada. «¿Para qué?», se preguntaría cualquiera; lo que realmente cautivaba la atención eran las consumiciones que desfilaban hacia las mesas.

El personal servía las viandas con mimo en pequeñas bandejas de madera oscura. En cada mesa, listos para personalizar el momento, aguardaban el azúcar, la sacarina y el chocolate molido.

Y, aunque en la pared descansaba una discreta variedad de botellas de licor, la clientela siempre prefería el café en cualquiera de las innumerables versiones que ofrecía el equipo de Cafelito, detalladas en una carta sencilla pero funcional.

Curioso lugar, sí, señor. Aquel rincón resultaba idóneo para conversar con los amigos, albergar una primera cita o, simplemente, recargar las pilas en una tarde de verano bajo el arrullo del molinillo de café.

¿Te ha gustado este microrrelato? ¡Pues no te pierdas mis libros!

Ver mis libros