Vigilantes
Había tenido mucha suerte cuando le asignaron aquella plaza junto a una mujer que, a su parecer, merecía la catalogación de diosa griega. Aquella falda y esa esbelta figura eran todo un lujo que él disfrutaba a diario en su puesto de trabajo. Aunque parecía haber una barrera entre ellos, él apenas la percibía.
Ambos vigilaban, desde su posición privilegiada, quién entraba y salía a través de aquella puerta gris. Tenían vistas al vestíbulo principal, desde donde controlaban y hablaban de la gente que pasaba frente a ellos; a veces, sin prestarles la más mínima atención.
Los que lo hacían, mirándolos fijamente, comentaban cosas como: «Ni de coña entro ahí» o «Qué cosas más modernas». A él no le hacía falta decir nada al respecto; solo le interesaba la opinión de su compañera sobre el atuendo de unos y los peinados de otras.
Es verdad que el letrero «WC UNISEX» tampoco dejaba lugar a otro uso para aquella puerta. Pero ellos, enmarcados en su círculo gris y con sus ropas blancas, hacían a la perfección su trabajo: indicar el acceso a los aseos mixtos del edificio de oficinas.
¿Te ha gustado este microrrelato? ¡Pues no te pierdas mis libros!
Ver mis libros